El problema no fue el beso.
Ni siquiera la confesión.
El verdadero problema fue lo que vino después.
Porque, en un entorno donde cada decisión era observada y cada relación podía convertirse en una variable de riesgo, lo que había ocurrido entre Elena y Diego no podía permanecer aislado. No importaba cuánto intentaran contenerlo, ni cuán cuidadosamente manejaran cada interacción.
Habían cruzado una línea.
Y las líneas, en ese lugar, no existían para ser ignoradas.
Elena lo comprendió en el inst