Aitana sintió la tensión en los dedos de Sokolov sobre su cintura. Su mirada oscura la recorría, evaluándola, debatiéndose entre su instinto y el deseo que ella estaba avivando.
Solo un poco más, Iván…
—Eres intrigante, muñeca —murmuró Sokolov, su mano subiendo lentamente por su espalda.
Aitana forzó una sonrisa coqueta, ignorando el frío sudor en su piel.
—¿Intrigante? Pensé que me veías como un peligro.
Él soltó una risa baja.
—A veces, lo peligroso es lo más tentador.
Justo cuando Ait