Enterraba mis dedos sobre la húmeda arena mientras las olas del mar se deshacían en mis pies y disfrutaba del sonido del mar.
Había pasado dos meses desde que huí del colapso que estaba siendo mi vida para poder meditar que haría al volver .
Mi teléfono lo encendía de vez en cuando durante la noche encontrándome con miles de llamadas perdidas de Helen, Zoe y Alexander.
No me apetecía hablar con ninguno durante todo este tiempo, no me sentía preparada.
Necesitaba más tiempo para seguir pensando q