Habían sido momentos de confusos. La parte detrás de mi cabeza palpitaba mientras sentía como sangre goteaba y recorría mi espalda.
No podía dejar de pensar en mi madre, Alex y mi padre. A estas alturas ya deben saber de mi desaparición y debían estar más asustados que yo.
No sabía quiénes eran estos hombres y porque me tenían aquí. Nadie decía nada y ya me sentía completamente asustada.
—¿Crees que él se tardará mucho? —dijo uno de ellos.
—Ni idea, pero dijo que quería hablar con ella antes de