Habían sido semanas llenas de calma. Nos encontrábamos de regreso en nuestra casa.
Alexander y Dante se encontraban en el despacho hablando temas de las empresas mientras Zoé me ayudaba a terminar los últimos detalles de la habitación de nuestros pequeños.
Aunque apenas podía caminar sin sentirme agotada, insistí en mantenerme ocupada; no podía soportar estar sentada sin hacer nada.
—Deberías descansar, Tiara. Ya falta poco —dijo Zoé, señalando mi enorme vientre con una sonrisa cómplice.
—Aún