Después de tomar la mano de su madre durante varios minutos y hablarle al oído, Marga contenía la respiración: su madre fallecía. El trayecto de la cama a la puerta de la habitación se le hizo interminable; una lágrima rodó por su mejilla izquierda mientras luchaba por contener las emociones. Al abandonar la habitación y apoyarse contra la pared, se dejó deslizar lentamente, abrumada por sus pensamientos.
Una mezcla de rabia y dolor se entrelazaban en su interior. El aire era pesado, como si un