El teléfono de Molly repicaba con insistencia. Lo revisaría al llegar a la casa de su hermano. Cruzó la avenida y tomó la ruta más corta hacia la mansión, conduciendo pensativa. Roku llegaría en unos días, de su viaje. Se encontrarían en la reunión administrativa y nuevamente en el evento de Benoit. Lo ignoraría por completo; su atención estaba centrada en encontrar a Emer.
De repente, Molly se quedó en seco… un pensamiento atravesó su mente: ¿estaría vivo su hijo? Le asaltaban dudas que le generaban ansiedad, y eso no era bueno. Respiró profundamente; la calma era necesaria. No podía permitirse sucumbir ante esa ansiedad. Su vida, que durante muchos años había estado en la oscuridad, ahora veía la luz, y junto a ella, las verdades escondidas.
Al llegar a la casa de su hermano, esbozó una gran sonrisa, saludó y entregó varios paquetes a Nana Emi. Caminó hasta el gran comedor; parecía que la cena familiar sería por todo lo alto. Sirvió una copa y, con pasos firmes, caminó al jardín. Su