En la barra del bar, a media luz y sin miradas ni clientes, Karly y Mike bebían unas copas mientras conversaban sobre sus vidas, sueños y anhelos. Ella se quedó observando sus profundos ojos cafés que brillaban; su sonrisa era cautivante e irresistible. Posó su mano sobre la de él y, sin temor, lo besó. Mike la miró con asombro, aunque sus ojos estaban cerrados. Titubeó un instante, pero sin poder evitarlo, cayó rendido ante los besos de Karly. Ella posó sus manos en el cuello de él.
¿Eran las