CAPÍTULO 31- … DEMOSTRAN SU VALÍA.
Punto de vista de Laila
Llego a casa sin recordar cómo.
El pasillo huele a detergente y a cena ajena. Se me resbalan las llaves una vez antes de que consiga cogerlas y abrir la puerta.
Al entrar, el apartamento me recibe como siempre: en silencio, con familiaridad, sin cambios.
Eso es lo más cruel. Todo parece exactamente igual, como si mi vida no acabara de partirse en dos.
Cierro la puerta tras de mí y apoyo la nuca en ella.
No sale nada.
No hay lágrimas, ni sollozos, ni temblores. Supongo qu