Punto de vista de Laila
Al principio, veo su rostro parcialmente porque las luces son tenues.
No están apagadas. Solo lo suficientemente bajas como para suavizar la atmósfera, como si quienquiera que esté con Andrés quisiera que la noche se sintiera privada e íntima.
La puerta se abre de par en par, y cualquier esperanza y pregunta que traía conmigo se desvanece en silencio.
No entro corriendo, ni jadeo, ni grito. Me quedo allí, con una mano todavía en el pomo de la puerta, mi cuerpo rígido com