Punto de vista de Laila
El parloteo habitual da paso al zumbido de las computadoras y al ocasional movimiento de papeles. Miro el reloj. Casi las nueve.
La mayoría del personal se ha ido a casa, dejándonos solo a Alejandro y a mí, sumidos en la montaña de archivos que hay que preparar para la reunión con el cliente mañana a primera hora.
Está sentado frente a mí, ligeramente inclinado hacia adelante, revolviendo los dedos mientras revisa las carpetas.
Respiro hondo, concentrándome deliberadamen