Punto de vista de Laila
El sol me calienta la cara cuando Inés y yo salimos del edificio de oficinas; el bullicio de la ciudad nos rodea como un fondo reconfortante.
Respiro hondo, dejando que el aire me llene los pulmones. Es la primera vez en días que siento que puedo salir de mi propia cabeza.
Inés me da un codazo juguetón mientras nos dirigimos a la cafetería cercana. "Bueno, Señorita Inquieta, cuéntamelo. ¿Cómo han ido las cosas con... él?". Sonríe con complicidad, y sé exactamente a quién