Punto de vista de Laila
El sol me calienta la cara cuando Inés y yo salimos del edificio de oficinas; el bullicio de la ciudad nos rodea como un fondo reconfortante.
Respiro hondo, dejando que el aire me llene los pulmones. Es la primera vez en días que siento que puedo salir de mi propia cabeza.
Inés me da un codazo juguetón mientras nos dirigimos a la cafetería cercana. "Bueno, Señorita Inquieta, cuéntamelo. ¿Cómo han ido las cosas con... él?". Sonríe con complicidad, y sé exactamente a quién se refiere.
Me tenso un poco, manteniendo un tono ligero, con cuidado de no revelar nada que no quiero. "¿Él? ¿Quién es?".
"Ay, cariño, sabes de quién hablo". Sonríe de nuevo.
"¿Alejandro?". Me sacudo el polvo imaginario de la blusa. "Solo es mi jefe... Nuestro jefe. Nada más". Inés levanta las cejas. "¿Nada más? Te has estado comportando raro con él. Me he dado cuenta. Y no, no me refiero solo a lo del trabajo".
Suspiro, bajando la mirada, jugueteando con el borde de mi taza de café. "En serio