La tensión en el interior de la camioneta era palpable. El silencio de Lorenza era pesado, mientras sus ojos observaban por la ventana con una mezcla de prudencia y frustración. Edward, sentado junto a Grace, mantenía la mirada fija al frente, sus mandíbulas apretadas como si masticara palabras que se negaban a salir.
Grace no pudo contenerse más. La imagen de Giselle ajustando la pajarita de Edward seguía revolviéndole el estómago. Su voz, aunque serena al inicio, estaba cargada de una furia c