Grace había sucumbido al sueño en los brazos de Edward después de compartir un rato íntimo en la cama. Habían hecho el amor dos veces, entregándose a la pasión y la conexión que sentían el uno por el otro. Edward se encontraba absorto, intentando descifrar la complejidad de ese sentimiento profundo que lo embargaba por completo. Era una sensación que le llenaba el pecho, haciéndole sonreír de una manera casi infantil, como un tonto enamorado. Con delicadeza, desvió la mirada hacia Grace, quien