Edward
Hicimos el amor el resto de la noche. No hubo reservas, ni palabras, ni silencios incómodos. Solo el roce de su piel contra la mía y el sonido acompasado de su respiración llenando la habitación. Todo lo que había empezado bajo un acuerdo frío, práctico, se había transformado en algo que me desbordaba. Yo, Edward Langford, estaba, completamente, irremediablemente, enamorado de Grace.
Mientras la veía dormir, acurrucada entre mis brazos, comprendí que lo que más deseaba ahora era constru