Edward estaba sumido en un silencio incómodo mientras regresaban al chalet. Desde las palabras de Grace sobre su virginidad, no habían intercambiado ninguna otra conversación. Aquel breve pensamiento que lo había asaltado lo dejó inquieto y sin palabras en ese momento.
El hombre de seguridad abrió la puerta del lado de Grace, sin dirigir ni una mirada hacia Edward, y descendió del vehículo en silencio. El sonido de la puerta al cerrarse resonó en el aire, dejando a Edward con una sensación de