Grace
Desperté lentamente, como si regresara de un viaje muy, muy lejano. El sonido era tan tenue, casi inaudible: el susurro de mi nombre. Era como emerger de un sueño profundo, tan pesado que me había mantenido prisionera. La transición a la conciencia fue dolorosa. Un dolor punzante recorrió cada centímetro de mi cuerpo al intentar moverme, recordándome de manera brutal cada herida, cada contusión. Mis costillas, en particular, protestaban con cada inhalación, con cada intento de llenar mis