Grace
El dolor me atravesó como una daga, justo en el centro de mi pecho. Mis ojos se abrieron abruptamente, desmesuradamente grandes, llenos de pavor. Estaba asustada, completamente alterada, con una sensación punzante de terror que me atenazaba, pero apenas podía tomar una bocanada de aire. La respiración se me escapaba, como si mis pulmones se negaran a funcionar. En medio de la confusión y el pánico, dirigí la mirada a mí alrededor, intentando comprender qué estaba sucediendo. Las luces del