Capítulo 38. Invitación
Ámbar desayunó en silencio.
Por supuesto que no era la primera mujer que Marco llevaba a la mansión y no dudaba que hubiera hecho con ellas cosas que ella, en su inexperiencia, aún no lograba ni imaginar.
El hombre, al fin y al cabo, había estado con verdaderas modelos esculturales, con cuerpos de infarto, y era una máquina sexual perfectamente aceitada. Incluso recordó que la noche anterior había encontrado, indagando en la red, noticias sobre fiestas privadas, orgías, fotos comprometedoras…