Epílogo. Nuestra danza privada
En el parque de una preciosa casa de campo, que se alza perfecta junto a un bosque frondoso lleno de verde y un lago de un azul increíble, tres niños pequeños y dos adolescentes correteaban y reían, jugaban juntos, como si fueran hermanos, aunque no lo fueran.
Los más grandes en realidad conversaban, tomaban el sol, y los vigilaban protectoramente. Se reían de las ocurrencias de los menores.
De pronto, el más pequeño se tropezó y comenzó a llorar.
-¡Maaaaamáaaaaa!
La joven, de cabello dorado,