El teléfono vibró sobre la mesa de madera y Ximena lo miró como si supiera, antes de leer el nombre en la pantalla, que esa llamada iba a costarle algo.
*Papá.*
Dos sílabas que en su boca nunca habían sonado del todo tranquilas.
Contestó de pie, de espaldas a la ventana que daba al jardín de San Miguel, porque así había aprendido a recibir las conversaciones de su padre: con el horizonte detrás, no delante. Como si pudiera necesitar una salida en cualquier momento.
—Ximena. —La voz de Arturo Bae