Le propuso matrimonio como quien pide el menú: sin emoción, sin rodeos, y sin darle realmente opción de decir que no.La sala privada que Darien eligió estaba al fondo del ala de conferencias, lejos del lobby y de los periodistas con sus micrófonos y su hambre. Era una habitación sin ventanas al exterior, con una mesa larga de madera oscura y una cafetera que alguien había dejado encendida. Darien la condujo hasta ahí por un corredor que Ximena no conocía, sin apresurar el paso, sin mirar hacia atrás para verificar que ella lo seguía. Simplemente asumió que lo haría.Pidió café con una llamada de dos palabras. Se sentó. Y sin ningún preámbulo le explicó, con la misma precisión desapasionada con que alguien revisa un contrato, exactamente lo que Gael había hecho: el asistente con la laptop entrando al corredor de las villas a las once cuarenta y cinco, el video circulando dos horas después, la agencia de comunicación de crisis en Ciudad de México que Gael tenía en marcación rápida.—¿P
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