Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl nombre de Octavio Medina llevaba treinta años en el notariado y cuarenta en el gremio del silencio comprado.
Ximena lo sabía.
Por eso cuando Renata Suárez, su abogada personal desde hacía seis años, colocó el expediente sobre la mesa de vidrio y separó la tercera hoja con dos dedos —como si tocarla de más fuera a contaminarla—, Ximena no necesitó que dijera nada.
El sello era de Medina.
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