Rebecca Thornton llegó a la reunión exactamente a las nueve en punto, no un minuto antes ni después. Llevaba un traje gris perla que probablemente costaba más que mi guardarropa completo, su cabello perfectamente peinado, y una expresión que había perfeccionado a través de décadas de ver a través de bullshit corporativo.
—Buenos días —saludó, dejando su maletín sobre la mesa con un sonido seco—. Ethan me ha puesto al día sobre el progreso del proyecto, pero prefiero escucharlo directamente del