El resto del equipo volvió a las dos, llenos de energía y con ideas sobre cómo proceder. Trabajamos hasta las seis, cuando Maya anunció que tenía una cita y se fue con una advertencia de que mejor no me quedara trabajando hasta medianoche otra vez.
James se fue a las seis y media. Aaron a las siete, después de hacer tres chistes terribles sobre el hecho de que estaba “casualmente pasando por” el café de Samira en su camino a casa.
Me quedé sola otra vez, pero esta vez me obligué a empacar a las