Antes de que pudiera parpadear, los disparos habían resonado, cortando la noche. Mi corazón se detuvo. Grité el nombre de papá al darme cuenta, pero solo el eco de mi propia voz me respondió.
Mi cuerpo reaccionó por instinto, y lo empujé a un lado, Alejandro habia corrido solo para protegerme, como siempre había hecho. Pero esa vez no era suficiente.
Un disparo, luego otro, otro y otro más. El tiempo pareció ralentizarse mientras veía cómo caía, la sangre brotando de su cuerpo, la expresión en