Podía fingir que no sentía nada, ser indiferente, pero no era capaz. Aquellos días fueron tortuosos para mí. Estaba sumida en mi propio dolor, me importaba muy poco el de él y para ser sincera dudaba que estuviera sintiendo algo.
Habían transcurrido dos meses desde que perdí parte de mi vida con aquellos angelitos a los que no llegué a conocer y a los que ni siquiera me dejaron ver, según el doctor no iba a soportar lo que vería, le rogué que eso no me importaba pero ni así logre verlos.
Puedo