La rabia aún recorría mis venas, fruto de la discusión con Victoria. Esa mujer siempre lograba sacar lo peor de mí, y mi paciencia se estaba agotando. Pero mas me molestaba que Leonardo le siguiera su ridículo juego.
Decidí que no había mejor manera de calmar mis demonios internos que con un poco de… distracción. Y nadie era mejor para eso que Sophía.
Me acerqué a la puerta de su habitación, sabiendo que ella estaba allí, sumida en sus pensamientos, sin imaginar que yo estaba cerca. Abrí la pue