ENFRENTAMIENTO EN EL PASILLO DEL HOSPITAL.
Volví al pasillo del hospital con pasos decididos, el eco de mis tacones marcaban el ritmo de mi furia. Los vi. A él, a Miranda, y sus secuaces, entre ellos a Lucas… como si fueran simples espectadores de una obra sangrienta que ellos mismos habían montado.
Dante me miró cuando me acerqué, como si esperara una explosión. Y tenía razón.
—Necesito hablar contigo. Ahora. A solas —solté con frialdad, sin espacio para objeciones.
Miranda rodó los ojos, como si aquello le resultara molesto.
—¿Otra es