La furia me recorre como un incendio incontrolable. Sabrina… esa mujer no entiende, le deje claro que si se volvia a interponerse en mi camino no la perdonaría, pero no imaginé que llegaría tan lejos. Debi haberla enviado al otro mundo, maldita sea!
Me inclino, recogiendo el teléfono del suelo.
—Lucas… ¿dónde está? —Mi voz es puro veneno. Mi control está al límite
—Voy camino a verla. Esta dispuesta hablar pero a cambio de algo que supuestamente le debes— lo escucho suspirar. Esa mujer quiere