Frente a sus ojos, ese hombre bien vestido se quitó la chaqueta y apenas estuvo frente a ella, supo ponerle el abrigo sobre el cuerpo, protegiéndola de todas las miradas pervertidas de los hombres. Ahora él era su única salvación y eso le gustaba. Le gustaba ser alguien para ella, le estaba empezando a gustar la idea de ser necesitado.
—Sé que puedes decir 'no' a algunas cosas, pero hay otras a las que no. Eres demasiado terca, Abril.
Abril miró a Lucian con ojos llorosos. Cuando pensó que no ha