Riendo con burla, Leona bajó las escaleras mientras seguía riéndose de las palabras que le había dicho a su marido. Era tan puta, era una mujer tan fría que no sentía nada, que solo trabajaba por su propio interés y hasta su hijo era parte de esos negocios que ella iniciaba.
Finalmente, cuando llegó a la oficina, se sentó en la silla de cuero y empezó a sonreír ante sus recuerdos. Esos recuerdos que la hacían feliz y le hacían saber que era capaz de todo. Si hubiera tenido a Lucian en lo más pr