El Aula Magna de la facultad estaba abarrotada; el calor humano se mezclaba con el zumbido de los proyectores y el murmullo expectante de más de cien personas, incluidos directivos, empresarios y padres de familia. En la primera fila, Doña Elena observaba el escenario con la barbilla en alto y las manos enguantadas reposando sobre su bolso de piel. Su sola presencia dictaba el peso del apellido.
Beca dio un paso al frente con una sonrisa serena, lista para proyectar el fruto de meses de noches