Durante dos largos y angustiantes días, la habitación de la clínica se convirtió en el centro de una vigilia silenciosa. Rebeca permanecía delicada, fluctuando entre fiebres intermitentes y un cansancio que parecía consumirle la voluntad.
Armando no se movió de su lado ni un solo segundo, coordinando desde allí lo mínimo necesario de la empresa. A su lado, Maryorie y Mauricio hacían guardia de forma ininterrumpida, rotándose para llevar café y asegurarse de que nada faltara. Con los padres de B