Tras la deliberación del consejo directivo, las puertas de la sala de juntas se abrieron y los directores comenzaron a salir en fila, intercambiando murmullos de aprobación. Doña Elena pasó al lado de Beca con su habitual paso firme; no la miró, pero tampoco hizo ningún gesto de desdén. Su silencio era el mayor reconocimiento que podía otorgar.
—Señorita Fernández, el ingeniero Armando la espera en su oficina privada para el cierre de su contratación —anunció Juliana, con una voz mecánica que d