Jordan se quedó paralizado ante la actitud de Zaid. Aunque lo había apuñalado, no le había hecho ni el más mínimo daño, ni físico, ni psicológico. Más bien, Zaid se burlaba de ella en su propia cara. Él tenía el control de la situación, y Jordan odiaba darse cuenta de eso.
Zaid le sujetó la muñeca con una facilidad insultante y, sin apartar la mirada de su rostro, extrajo la hoja con la propia mano de Jordan que seguía sosteniendo el mango del cuchillo. El sonido húmedo del metal deslizándose fu