Jordan empujado por el alcohol que ya comenzaba a nublar su juicio, decidió probar más. No estaba seguro de lo que hacía, pero algo dentro de él le decía que siguiera el juego. Comenzó a beber más rápido y cada trago fue subiéndole la temperatura corporal. El ardor del licor lo hacía sentir vivo, pero a la vez fuera de control. Sus pensamientos se volvían más pesados, más lentos, como si el alcohol hubiera bajado el volumen de su conciencia.
Los hombres en la mesa comenzaron a reírse, a hacer c