C45: Nadie vendrá a salvarte.
Dentro de la cabaña, el ambiente era pesado, impregnado de un hedor metálico que no dejaba dudas de lo que estaba a punto de suceder. Reinhardt estaba atado a una silla con su rostro inflamado por los golpes que había recibido de los dos hombres que el líder había ordenado detenerse. Éste último se encontraba al frente, observando con una sonrisa de satisfacción mientras se jactaba de su supuesto triunfo.
—No puedo creerlo, el gran Reinhardt, reducido a esto —dijo el líder mientras caminaba alr