Jordan estaba paralizado. Sabía que Reinhardt había sido un hombre cruel. Las heridas invisibles que había dejado en Jordan todavía sangraban en lo más profundo de su ser. Los recuerdos de las amenazas y el control que Reinhardt había ejercido sobre su vida lo asaltaban sin piedad.
«Si Reinhardt muere, todo esto termina», se repetía. Su mente comenzaba a pintar un futuro diferente, uno en el que no tendría que temer por cada paso que daba.
Era consciente de que, si acababan con Reinhardt, nada