El alma de Jordan se sacudía como una barca en mitad de una tormenta, atrapado entre el miedo y la esperanza, mientras cada palabra de Reinhardt lo golpeaba como una ola inesperada. Nunca imaginó que aquel hombre, forjado en acero, pudiera abrir su pecho con tanta honestidad, con tanto deseo de quedarse a su lado. Era como ver el sol salir en un cielo que siempre creyó cubierto de nubes, una luz cálida y peligrosa que derretía cada una de sus defensas. Sentía que el mundo se tambaleaba bajo sus