C120: Nunca te lo voy a perdonar.
Zaid continuó besándola, con su boca recorriendo su cuello con lentitud repulsiva, descendiendo hasta su clavícula, mientras que su lengua dejaba un rastro húmedo y asqueroso sobre su piel. Lamió su mejilla con un deleite enfermizo, como si saboreara su miedo, su desesperación. Sus manos se deslizaron hasta su cintura, sujetándola con una firmeza posesiva, luego bajaron a sus piernas, tanteando, reclamándola.
Isabella no se movió. Se quedó quieta, sin fuerzas, con la mirada perdida en el cielo