C119: El final perfecto para una noche perfecta.
Isabella clavó la pala en la tierra con el último aliento de fuerza que le quedaba. Sus brazos temblaban, sus piernas estaban al borde del colapso y cada músculo de su cuerpo dolía con un cansancio insoportable. La piel de sus manos, ahora en carne viva, sangraba por el roce constante con la madera del mango.
Se inclinó sobre el agujero con un jadeo entrecortado. Las maletas, pesadas y deformadas, yacían en el fondo del hoyo. La visión de ellas le provocó un nuevo espasmo en el estómago. Allí