En algún momento, estaría encantada de que el ruso viniera por mí, pero hoy siento miedo de lo que pueda pasar. Ahora tengo una hija con Luciano, no me puedo ir porque sé que él me la quitará.
-¿Qué haces aquí, Ivanov?
-¿Tú qué crees, imbécil? Vine por mi mujer.
-Ni loco dejaré que te la lleves. - Luciano me coloca detrás, pero yo no dejo de ver al ruso.
-Vámonos, Angélica, tú y yo tenemos un trato. - Miro a mi pequeña hija y los ojos se me llenan de lágrimas.
-No puedo. - Susurro.
-¿Qué dijiste