Mi respiración se descontroló hasta convertirse en prácticamente llanto. Quería gritar de horror y, al mismo tiempo, cerrar los ojos para dejar de ver aquella inédita escena reflejada en el cristal.
—No, no puede ser —gruñí mientras parpadeaba repetidamente, deseando que aquello fuera un sueño y que al abrir los ojos recuperaran su habitual color castaño.
—Gabriella, necesito que te calmes —Azrael trató de hacerme entrar en razón, pero era demasiado tarde. Había comenzado a tener un ataque de p