Negué un par de veces mientras mi interior lloraba. Quería saber la verdad, pero a la vez sentía un miedo abrumador. Sabía que Azrael conocía más respuestas, pero me las estaba ocultando.
—Por favor —supliqué al borde del llanto—. No quiero más secretos.
—Sé que es tu vida, pero implica a más personas. Necesito que me des tiempo para descubrir la verdad y poder ayudarte.
—Está bien —suspiré, agotada—. Pero prométeme que, apenas sepas la verdad, me lo dirás.
—Lo haré, te lo prometo —acarició mi