Dos años y medio han transcurrido desde entonces. Aún no puedo superarlo y creo que jamás podré. De alguna manera siento que una parte de mí murió también ese día.
El viento frío de invierno azotó helando mi piel. Veo varios jóvenes salir por las amplias rejas de la escuela. Yo me mantengo de pie en en la entrada hasta que veo su corta melena castaña asomarse por la entrada.
—Has tardado mucho niñata —bufé y ella río acercándose.
—Lo siento Az —ese tonto apodo que inventó —. Tuve que limp