69 - Anaís quiere hablar contigo.
La mansión Lombardi parecía un mausoleo en medio de la noche. Los gritos de Lucrecia resonaban por los pasillos, agudos y desesperados. Estaba encerrada, golpeando la puerta con todas sus fuerzas.
— ¡Déjenme salir! ¡Malditos, ábranme la puerta! ¡No soy una prisionera! — Su voz se quebraba por el esfuerzo, pero su furia seguía intacta —. No me importa que el maldito Rinaldi sepa que no soy su hija.
Rinaldi irrumpió en la habitación como una tormenta desatada, su rostro una máscara de ira. Sus pa