70 - Mi escolta personal.

La habitación estaba sumida en un silencio inquietante, roto solo por el sonido del monitor que marcaba los latidos del corazón de Anaís. Federico Lombardi estaba de pie junto a la puerta, visiblemente nervioso. Había sido convocado, y aunque el hospital era terreno neutral, estar frente a Anaís Santana con Ernesto presente era como caminar sobre un campo minado. Especialmente después de lo que había hecho y en el lío que se metió queriendo aparentar tener un poder que en realidad no poseía.

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