68 - No soy Isabela Rinaldi.
Federico Lombardi caminaba de un lado a otro en su despacho, con la mandíbula tensa y los pensamientos desordenados. Los informes de sus hombres le pesaban como una losa. Ernesto y su equipo estaban de vuelta en el país, y Anaís estaba en un hospital.
— ¿Por qué mierda no le hicieron nada? — murmuró para sí mismo, golpeando la mesa con un puño cerrado —. ¿Por qué Ezra la mantuvo? ¿Qué mierda sucedió?
Ahora ella sería una más de sus enemigos. La había subestimado demasiado, y no solo eso, ella e