49 - Atentado.
La tarde pintaba como cualquier otra, con el sol derramando su cálida luz sobre la ciudad, pero el aire parecía cargado de una tensión que Anaís no podía identificar. Ernesto, con su carácter sereno y protector, había insistido en sacarla a almorzar. Era ya una rutina entre ellos, una pausa necesaria en días agitados.
— Pronto no podré ocultarlo más — comentó Anaís mientras caminaban hacia el auto, acariciándose el vientre con una sonrisa leve.
Ernesto la miró con ternura.
— ¿Te preocupa que lo